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Heraldo de las Sombras (Novela Corta)

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Heraldo de las Sombras (Novela Corta)

Mensaje por Asmodeus el Lun Jun 11, 2012 1:08 pm

Bueno gente... Me lo pensé y me lo pensé y al final decidí subir esta novela corta que termine de escribir el año pasado xD. Está basada en el universo de Harry Potter si bien NO aparece ningún personaje de la saga ni se basa en Hogwarts en sí, todos los personajes son originales, por así decirlo... Espero que lo disfruten y comenten, lo iré subiendo por capítulos, les dejó el prólogo y el capítulo 1 y si veo que gusta, subo más : D.


Prólogo
El cielo estaba rojo… ¿era el cielo o era un mar de sangre? El muchacho sentado en la roca no podía determinarlo con exactitud, lo que si sabía era que el fin se acercaba… El fin de todo…
A sus pies, la tierra del suelo se agrietaba profundamente, y cada grieta brillaba con fuego rojo y parecía exudar un calor insoportable… Así que… ¿así eran las cosas? Se trataba de sobrevivir o de ser arrastrado por la marea… De domar a las fuerzas del mismísimo Infierno o de perecer… El muchacho, envuelto en una túnica negra sonrió con suficiencia… Si perecía no sería como un cobarde que no se había enfrentado a nada…
Por única prenda llevaba su túnica que dejaba ver sus pies descalzos, no sentía dolor ni calor en las plantas de los pies a pesar de que el suelo parecía estar ardiendo. Comenzó a caminar… el cálido viento removía sus rubios cabellos y azotaba sus facciones, extrañamente hermosas en un mundo tan vacio y destrozado, la gente de la ciudad cercana, totalmente en ruinas, había muerto hace semanas.

Llegó a un punto donde la ciudad arrasada ya no se veía… todo era un calcinante desierto lleno de esas extrañas grietas que escupían fuego… y todas parecían converger en un mismo lugar.
- ¡Ya estoy aquí!- gritó el muchacho- ¡Puedes venir por mi!
La tierra comenzó a temblar… un poderoso terremoto azotó el suelo y el lugar donde convergían todas las grietas comenzó a elevarse, hasta que el suelo se quebró por completo y de ese mismo sitio emergió una criatura espantosa.
Era un gigantesco reptil escamado con tres pares de alas membranosas como las de un murciélago, se erguía sobre cuatro poderosas patas acabadas en mortales y afiladísimas garras. Tenía siete cabezas y diez cuernos repartidos en las mismas… sus dientes eran terriblemente afilados y poderosos. Parecía exudar un olor pútrido como si miles de cuerpos se descompusieran a su alrededor.
El joven simplemente dijo a la bestia:
- Lamento decirte una cosa… tienes ante ti a la única persona a la que servirás…
El monstruo pareció reír y lo atacó lanzando sus siete cabezas contra el para devorarlo… Pero algo extraño sucedió… Simplemente no pudo, una especie de coraza invisible parecía estar protegiendo al muchacho cuyo pelo ahora era negro y su piel mucho más pálida… Las pupilas habían desaparecido de los ojos celestes…
- Te dije que sería la única persona a la que ibas a servir, Bestia…
Dicho esto el muchacho se lanzó contra la criatura…







1
A una Fiesta

Y de pronto despertó en su cama, abrió los ojos y miró el reloj que tenía en la mesita de noche… ¿Cuánto había dormido? Le pareció que habían sido tan solo un par de insignificantes minutos aunque se dio cuenta de que había dormido más de siete horas… Muchas más que las habituales cuatro que dormía prácticamente por día…
Tenía que asistir a la fiesta en otra hora y media, a las 22, pero no le gustaba estar inactivo, era ese el mismo motivo por el que dormía tan poco, simplemente no le gustaba descansar, y si su cuerpo hubiese aguantado se habría mantenido las 24 horas del día despierto. Comenzó a examinar la habitación donde dormía con detalle…
Era su cuarto privado y personal, su padre nunca habría entrado en él sin su permiso. Las paredes eran negras y la moqueta que cubría el suelo era color vino. Detrás de la cama había un ventanal que daba al jardín de la casa. Frente a la misma, había una gran biblioteca que cubría casi toda la pared llena de distintos volúmenes: grandes libros de hechizos, libros de texto del colegio, libros sobre Artes Oscuras, revistas obscenas, de todo un poco. En la estantería más baja había perfectamente ordenados y alineados una gran cantidad de paquetes transparentes con contenidos de diversos colores: aunque predominaban el blanco y el verde. Al lado de la puerta de entrada había un rico y lujoso piano de color marrón y del otro lado un gran escritorio de roble con su respectiva silla.
En circunstancias normales el cuarto era un desorden completo, pero este día era extraordinario ya en la mañana se había encontrado demasiado cansado como para acostarse con alguna muchacha, o incluso como para tocar los libros que permanecían impolutos en la biblioteca…
Se levantó de la cama, y un espejo de pie que tenía a un costado de la cama le devolvió la imagen de un muchacho muy alto, de un metro noventa o incluso más, con grandes ojos celestes en los que más de una mujer se encontró perdida y un cabello rubio dorado ondulado que formaba un atractivo bucle en la zona del flequillo. Sus facciones eran delicadas y preciosas, pero no perdían en ningún momento ni un ápice de masculinidad. Estaba desnudo exceptuando por la ropa interior de color negro, esto dejaba que el espejo le ofreciera una visión de su cuerpo, muy atlético y marcado por el ejercicio pero sin pasar a exageraciones físicas. El muchacho contempló un poco su imagen y pensó:
“Vaya, vaya Lucifer… Cualquiera diría que pareces mayor de 17 años aunque en ningún momento lo dirían como algo bueno sino que lo pondrían como resultado de una vida libertina y demás estupideces…” Acercó un poco más su rostro al espejo intentando encontrar alguna imperfección, pero por más que buscó no pudo, sonrió y pensó:
“Pues a mí la vida libertina no me ha hecho ningún estrago…”
Una vez pensado esto se dirigió a la biblioteca y se inclinó hasta el estante más cercano al piso y tomó uno de los paquetes que contenían un polvo blanco. Hecho esto fue hasta el escritorio cercano y puso el paquete en él, lo abrió y esparció los polvos blancos sobre la mesa, sacó su varita de uno de los cajones y separó parte del polvo formando una larga línea. Se inclinó con la nariz muy cerca de la línea de polvo e inhaló… Los polvos pasaron en un santiamén del escritorio a su organismo… El chico, con las fosas nasales cubiertas de blanco esperó un momento pero al final tiró la cabeza hacia atrás y echó un resoplido ¡Había vuelto a fallar! ¿Qué acaso no había droga que le provocase algo fuerte?
Ahora lo único que sentía era una ligera desaparición del despabilamiento provocado por el sueño y un pequeño incremento del apetito sexual, pero nada lo suficientemente fuerte, no la sensación que él buscaba.
Con algo de frustración hizo tres líneas más que consumió en el acto, el despabilamiento por fin había desaparecido del todo… Aunque le costaba más líneas que antes hacer que la droga provocase algún efecto digno de mención… El tabaco y el alcohol habían perdido para él todo interés y se habían acoplado a su rutina diaria con tanta facilidad que aún se sorprendía de que se diese a tales vicios rutinariamente y casi sin darse cuenta. Las drogas si bien no era nada nuevo para él, le proporcionaron un grado de diversión bastante más intenso pero ya estaban también perdiendo su chispa… Lo único que le quedaba era el sexo… Algo de lo que estaba seguro jamás se iría a cansar…
Se sonrió alegremente, el sexo si, era lo que más le divertía… Cada mujer tenía sus trucos distintos, sus mañas y hasta el momento Lucifer falló muy pocas veces cuando de ellas se trataba.
Volvió a la biblioteca y esta vez tomó entre sus manos uno de los paquetes con contenido verde… A su vez tomó un papel mágico especial del escritorio y depositó una gran cantidad del contenido del paquete sobre el papel… Automáticamente el papel se cerró sobre la hierba y se dividió varias veces para formar pequeños cigarros. Lucifer se vistió con un movimiento de su varita y sobre su cuerpo apareció una camisa de color negro con los tres primeros botones sin abrochar y unos pantalones y zapatos negros. De su mano colgaba una campera de cuero del mismo color. Una vez que estuvo listo y adecentado tomó los cigarros y se los guardó en el bolsillo.
Salió de su cuarto y como de costumbre… la casa estaba a oscuras, ni siquiera se molestó en encender la lámpara de aceite que sabía colgaba del gran espacio conformado por una cocina-comedor. Se sabía de memoria el mobiliario, algo bastante normal: una mesa grande y unas sillas de madera algo viejas y desvencijadas, un cómodo sillón que sin embargo se encontraba muy maltratado, pinturas donde se podían apreciar hechizos de Artes Oscuras, otra biblioteca bastante antigua con mas tomos y volúmenes, una cocina vieja y un poco oxidada y en una alacena cercana innumerables calderos.
Odiaba vivir con una sala en ese estado, pero su padre se negaba a hacer remodelaciones, y si vamos al caso muy rara vez se encontraba en la casa, por eso Lucifer podía hacer lo que deseara en esa casa, incluso “disfrazarla” con magia si tenía que llevar chicas “complicadas” o “exigentes” a la misma, pero nunca la pudo remodelar definitivamente. Sabiendo exactamente en qué dirección se encontraba la puerta de salida el muchacho enfiló hacia allí y salió a la noche.

La luna estaba llena en el cielo nocturno y las estrellas titilaban con fuerza, las calles estaban casi desiertas, con poco movimiento más allá del de algún perro callejero. La iluminación en la zona era bastante deficiente, pero la luz lunar le daba a sus ojos la claridad necesaria para que pudieran guiarse bien. Podría haberse aparecido en el lugar de la fiesta pero no quería, le gustaba caminar en la noche. Y además tenía muchas cosas que pensar… Ese sueño ¿Qué significaba? Hacia aproximadamente una semana que lo estaba teniendo, era muy recurrente… Pero porque… ¿porqué? La Bestia, él con el cabello negro… ¿Qué podía significar todo aquello? Podría ser acaso que él se encontraba destinado a grandes cosas… ¿a sobrevivir donde los demás perecieron? ¿O tal vez a controlar fuerzas y poderes demasiado grandes como para que el resto los pudiera dominar bien?
Ante esa perspectiva, el muchacho se sonrió… Nunca había sido una persona muy humilde, pero el hecho de poder dominar una fuerza mayor que la de cualquier otra persona le parecía una perspectiva muy dulce como para dejarla pasar sin una sonrisa de satisfacción. Aunque él con el cabello negro resultaba algo inquietante… En el sueño esa imagen no tenía pupilas y al verla parecía una forma vacía, carente de toda lógica o de todo sentido… Parecían los ojos de un muerto más que los de una persona viva.
Iba inmerso en sus cavilaciones, así que no notó la repentina emboscada que le tendió aquel grupo de estúpidos cuando atravesó uno de los tantos callejones cercanos a su hogar.
Cuando estaba por salir de la callejuela se encontró con dos varitas apuntándole directamente, miró hacia atrás y vio que dos chicos más aparecían de entre las sombras del callejón y también lo apuntaban por detrás. Uno de los que estaba delante le dijo al joven:
- Manos arriba, y danos todo lo que tengas…
Lucifer aún en esa situación no pudo sino sonreír, su mente pudo idear algo muy rápido con lo cual podría deshacerse de esas basuras… Levantó las manos muy lentamente para hacerles creer que no pretendía nada y miró al que parecía ser el líder del grupo, un hombre de unos 40 años con ropas rotosas y una barba de días… Los otros tres eran jóvenes muchachos, pero el chico no le prestó mayor atención a sus facciones, solo dijo:
- Pobres, pobres… pobres de ustedes… acabaron de cometer un grandísimo error…
Para sus adentros pensó: “Accio” y la varita que también se había guardado en el bolsillo se desplazó rápidamente hacia su mano izquierda, antes de que los ladrones pudieran reaccionar y atacar, Lucifer ya había conjurado un hechizo… De la punta de la varita comenzó a salir un destello de color rojo que se volvió cegador, hubo un estruendo…
Cuando la luz se apagó los dos muchachos detrás de el estaban inconscientes contra las paredes del callejón, las cabezas sangrando por el golpe… El tercer joven se encontraba atravesando la calle que había frente a ellos con la mirada perdida y un hilillo de sangre saliendo de sus labios… No se movía…
El líder de la banda, parecía dentro de todo ileso aunque también había recibido unos buenos golpes al caer contra el cordón de la acera. El hombre se levantó airado y comenzó a lanzar hechizos a diestra y siniestra… De su varita salía un rayo tras otro de distintos hechizos: rojos, blancos, azules, morados…
Lucifer reía alegremente mientras blandía su varita una y otra vez y los hechizos de protección que invocaba hacían que los de su oponente se desviaran o chocaran contra un muro invisible.
El ladrón se desesperó y lanzó dos maldiciones asesinas consecutivas, Lucifer sabían que eran maldiciones asesinas… lo sabía debido a su característico color verde. El Avada Kedavra no se podía detener… por lo menos por los hechizos conocidos, pero él había creado uno para parar una maldición asesina de intensidad leve o moderada.
Conjuró su hechizo protector y la maldición no solo se detuvo sino que se desvió exactamente donde quería Lucifer a los dos ladrones inconscientes en el callejón… La maldición los alcanzó de lleno en el pecho a cada uno y pronto el muchacho sabía que ambos habían muerto…
El hombre se quedo lívido del terror al haber sucedido esto, Lucifer rió y mofándose le dijo:
- ¡Mira lo que hiciste!
El hombre aún pálido dejó caer la varita y retrocedió, aterrado unos pasos, con los ojos fijos en el muchacho que tenía frente a él. Lo único que podía decir era murmurar algo que sonaba como a “Mis hijos… mis hijos…”
El joven siguió avanzando y tomó la varita de su adversario, lo miró y dijo:
- Se supone que una varita elige a su dueño… Y es raro y mucho que al romperse una, otra varita vuelva a elegir a la misma persona como dueño… supongo que no te importara…
Dicho esto rompió la varita en dos y arrojó los pedazos a un lado de la calle… El hombre se quedó aún más perplejo, Lucifer le dijo:
- Te preguntarás como me defendí de tu maldición… Muy simple, eres un inepto y no sabes conjurar una maldición asesina lo suficientemente poderosa… Si quieres, te doy una lección de cómo hacerlo bien…
El hombre tragó saliva y se dio media vuelta dispuesto a correr, pero Lucifer rió y con un movimiento de varita hizo que el otro cayera al suelo boca arriba y no pudiera moverse más… El muchacho se le acercó y se sentó apoyando la espalda contra una pared, dijo:
- Pero no… no señor, no es mi estilo utilizar las maldiciones asesinas…- el hombre lo miró pero al oír eso pareció calmarse hasta que el muchacho agregó: - Son demasiado rápidas…
El sujeto trató de moverse y de salir de su parálisis, pero el muchacho sonrió ante sus fútiles intentos… Se acercó un poco más, le dio un toque con la varita en el pecho en el centro del torso y le dijo al individuo:
- A partir de ahora, vas a sufrir como nunca en tu vida… Y ¿la paz de la muerte? Calculo que en años… Nunca se sabe… lo que si te puedo asegurar es que a partir de ahora tu cuerpo comenzará a pudrirse… Se deshará lentamente… Muy lentamente…- el individuo comenzó a retorcerse todavía más, su rostro expresaba todo el intenso dolor, el gran sufrimiento que estaba sintiendo, comenzaron a salirle muchos granos y ampollas en las manos, Lucifer sonriendo le dijo: - Así empieza… - miró las manos y le dijo- Oh… vaya, que feos granos que te han salido, si quieres me deshago de ellos…- se incorporó nuevamente en toda su altura y le pisó la mano derecha con todas sus fuerzas, quebrándosela al instante, el hombre gritó de dolor y rabia y aún más cuando el chico le quebró la otra mano. El muchacho sonrió con satisfacción y le dijo:
- ¡Tengo una gran idea! ¿Qué tal si te muestro, con tu brazo derecho, lo que te espera a partir de ahora en todo tu cuerpo?
El hombre se retorció y suplicó por piedad, al escuchar esto Lucifer lo miró con cara de asco y puso más determinación a lo que iba a hacer… Apoyó su varita en el brazo derecho del hombre… A la piel comenzaron a salirle más y más ampollas y granos hasta que pareció convertirse en una masa purulenta y tumorosa, el sujeto se retorcía y gritaba de dolor, pero nadie aparecía, absolutamente nadie… De pronto la piel comenzó a arder, a echar humo casi y comenzó a derretirse lenta y dolorosamente, por desgracia para el individuo el hechizo de Lucifer no permitía que cayera inconsciente ni siquiera entre tanto dolor. La piel y la carne siguieron derritiéndose hasta que quedó solo el hueso que se agrietó y cayó al suelo en fragmentos. El joven lo miró y le dijo:
- Ahora imagínate eso mismo, pero en todo el cuerpo, durante años y años y años y años y años… Durante un doloroso y extremadamente lento proceso… sin antídoto ni contra hechizo…
- No es justo…- se esforzó por decirle el hombre en su dolorosa agonía- Nosotros nunca quisimos hacerte daño…
- Pero yo a ustedes si, desde el momento que decidieron amenazarme con sus varitas…- dijo el muchacho: - Vete acostumbrando, la vida no es justa…- y luego le guiñó un ojo con descaro dio media vuelta y continuó tranquilamente su camino hacia la fiesta.
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Re: Heraldo de las Sombras (Novela Corta)

Mensaje por Invitado el Mar Jun 12, 2012 9:40 am

Menud elemento nuestro amigo Lucifer. Por cierto, nada discreto ese nombre XD. Interesante el sueño del principio, ahora quisiera saber si ese es un augurio para ese principe del mal y el pecado. Se espera continuación.
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