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Fan Fic: My Sweet Prince 18+ { Marius / Armand }

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Fan Fic: My Sweet Prince 18+ { Marius / Armand }

Mensaje por Belial el Mar Mayo 01, 2012 4:30 am

My Sweet Prince


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Never thought I'd get any higher
Never thought you'd fuck with my brain
Never thought all this could expire
Never thought you'd go break the chain.

Me and you baby,
Still flush all the pain away

My Sweet Prince - Placebo


~§~~§~~*~~§~~§~




Podía sentir sus labios contra los propios, el sabor inconfundible del vino, el aroma de su colonia impregnándose en sus ropas, el calor de su cuerpo, sus fuertes brazos rodeándole posesivamente y el dejándose llevar por aquella vorágine de emociones, descontroladas.

Solo se podía escuchar el constante rose de las ropas de ambos, ligeros suspiros y el sonido de sus labios unidos en un apasionado beso, en medio de aquella aterciopelada luz, de aquel pedazo de infierno que les pertenecía.
Una lujosa habitación de un pent-house en el edificio más alto de la ciudad.

No sabían exactamente como habían caído nuevamente en aquel juego, cuando hacía no más de un mes habían discutido acerca de ello, que nunca más volverían a caer, pues sabían exactamente las consecuencias de sus actos.
Sin embargo, y probablemente lo habían hecho una vez más, incitados por el alcohol, y todos aquellos sentimientos y emociones reprimidas que se despertaban el uno por el otro.

El aparentar indiferencia frente a los demás, el mirarse a los ojos y encontrar en la mirada del otro el deseo ardiente y fingir que no lo habían notado.

Y ahí estaban, enredados en un abrazo apasionado, besándose, tocándose descaradamente, sin pensar en nada más que en ellos y sus deseos desbordados.

-Marius-. Murmuro el más joven de ellos, separándose levemente de los adictivos labios del mayor, mirándolo fijamente, con los labios rojos y las mejillas encendidas, respirando agitadamente.

-No debería dejarme llevar por todo esto, Andrei-murmuro el mayor, soltándolo, y dándole la espalda, para salir de la habitación, pasando su mano pesadamente por sus largos y rubios cabellos.

Andrei, respiro profundamente, siguiendo a Marius, fuera de la habitación, encontrándolo sentado en el amplio sofá, con una copa de vino tinto en su mano, claramente cansado y agobiado por toda la situación.

-¿Que sucede, Marius?-pregunto el joven, sentándose a su lado, despreocupadamente quitándole la copa de vino de la mano para darle un trago y recostarse de forma descarada en el sofá, recargándose sobre el brazo de este, sin despegar la mirada de Marius.

El mayor respiro pesadamente, antes de volver sus ojos al joven que sonreía seductoramente, con la camisa de un tono rojo carmín abierta, dejando ver a penas un trozo de la pálida y suave piel. Los labios enrojecidos, los ojos entornados, el cabello rojo sangre ligeramente alborotado por la demostración apasionada de hacia unos instantes. Tentador.


-Sabes que no podemos seguir con esto, Andrei-murmuro el hombre rubio, mirándolo fijamente, sintiendo los pies desnudos del más joven juguetear en su pierna.

-¿Es que acaso tu ex mujer te ha vuelto a llamar?-pregunto mordazmente, dando otro trago al vino, sin dejar de mirarlo.

Marius dejo escapar el aire de sus labios exasperadamente, quitándose el pie de Andrei de su pierna, con notable irritación, sin saber exactamente cómo actuar en aquel momento. Necesitaba parar, detener todo aquello antes de que todo empeorara.

Miro nuevamente al joven, que parecía divertido, sonriendo y sin quitarle la mirada de encima, mientras jugueteaba con un mechón de su cabello, incitándolo nuevamente.

-Lydia no tiene, absolutamente nada que ver con esto.-dijo al fin el mayor, mientras se servía un vaso con cognac, algo más seco y fuerte, recargándose en la barra que constituía la cantina del pent-house.

Volvió a fijarse en el joven que se exhibía descaradamente frente a sus ojos, recostado como una ninfa de fuego sobre el sofá, bebiendo el vino de forma lenta y sugerente.

Cerró los ojos inmediatamente, sacudiendo su cabeza para borrar todas las imágenes que venían a su mente, concentrándose.

Pensando en todo lo que había sucedido todo ese tiempo, la forma en que se había involucrado con aquel niño, pues eso era, un niño que no rebasaba los diez y ocho años, diez y seis cuando lo conoció.

¿En que estaba pensando?

Se pregunto, mientras daba otro trago a su bebida.

¿Qué pasaba por su cabeza?

Quería pensar claramente, pero con el cerca, era imposible, así que se movió de aquel lugar, dejando al joven juguetear sobre su sofá, mientras el salía a la terraza, dejando que el aire frio de aquella ciudad lo despejara, aun con su bebida en la mano.

Se recargo sobre el barandal, observando el panorama, la ciudad bellamente iluminada. Respiro largamente, sintiéndose un poco mas aliviado, sin quitar la vista de la resplandeciente ciudad, de la avenida principal, mientras dentro del departamento se escuchaba música, a lo cual no presto mucha atención, concentrándose precisamente en sus recuerdos, tratando de encontrar respuestas.
Respuestas que no eran necesarias.

¿Por qué?

La razón era simple, el amaba a ese imprudente niño, lo había amado desde la primera vez que le había visto, cuando entro con esa cabellera de fuego, su mirada hechizante, y su sonrisa endemoniadamente seductora.

Cuando lo vio subir al plato, modelando con experta maestría aquellos diseños, mientras el observaba fijamente, pese a haber otros y otras modelos, el no podía simplemente despegar sus ojos de aquel seductor ángel caído.

Había notado la forma en que el joven modelo lo miraba, incluso cuando este había aceptado modelar para él, el renombrado fotógrafo y pintor Marius Romano.

A veces pensaba que había cometido un error al haber aceptado aquella campaña, ese desfile de modas en Viena, justo después de haber firmado su definitiva separación con Lydia, la mujer con la que había estado casado durante casi diez años.

Aun recordaba la tarde en que Andrei había entrado a su estudio acompañado de su representante, sonriendo ligeramente, sin nada de maquillaje y con el cabello recogido en una coleta en su nuca, vestido de forma casual para un joven, jeans deslavados, camisa blanca de seda y un saco gris de terciopelo a juego con los zapatos de gamuza en el mismo tono, ocultando sus ojos ambarinos tras unas oscuras gafas para sol.

Sonrió apenas entro y él había correspondido al gesto, invitándolos a tomar un café, el cual fue aceptado por Andrei y su manager al cual no prestaba atención alguna, claramente embrujado por la belleza del joven.

De haber sabido en lo que se estaba metiendo, hubiera evitado las sesiones de fotos, y los continuos desfiles a donde era invitado, a los cuales con anterioridad se había negado, solo por verlo a él.

Pero que podía hacer, si se había enamorado de la belleza, de la perfección, de la gracia de aquel joven.

Volvió a dar otro trago a su bebida, volviendo a su realidad, sintiendo el viento de otoño golpear en su rostro nuevamente y jugar con sus rubios cabellos, escuchar la música amortiguada por los paneles de cristal que lo separaban del departamento y los autos al pasar debajo del edificio.

Nuevamente regreso a sus recuerdos, aquel beso impertinente que él había dejado en los labios de Andrei y había notado el leve sonrojo en las mejillas del chiquillo, y esa sonrisa endemoniada y ahora era Andrei el que lo besaba, pegándose a su cuerpo, suspirando de gozo al separarse.

-Perdón-se había disculpado Marius aquella noche, antes de salir del estudio, dejando a Andrei en medio del set, a espera de sus asistentes y su manager y el claramente confundido.

Como es que un hombre con su experiencia, con sus años, estaba actuando como un adolescente enloquecido hormonalmente, por un verdadero adolescente de diez y seis años, era ilegal, además, el con cuarenta y un años.

Recordaba claramente que después de esa noche, había evitado encontrarse con Andrei, a toda costa, hasta que recibió aquella llamada, un proyecto importante, arte, verdadero arte.

Una campaña altruista y constaba de retratar a distintos modelos para dicha campaña, para evitar la contaminación ambiental y dentro de esos modelos, estaba Andrei.
Y había sido en la fiesta de la presentación de la campaña, en que todo había adquirido un nuevo tinte, en que todo se había sobrepasado sus límites, dejándose llevar.


Había estado bebiendo toda la noche, platicado animadamente con sus colegas, quienes también habían trabajado con él en la campaña, siendo saludado con jóvenes fotógrafos que admiraban su trabajo, dando consejos, platicando con casi todos los presentes, hasta que el llego, con ese aire de ninfa de fuego, un espíritu de los bosques, pérfido, en toda su hechizante belleza.

Se había acercado casi de inmediato a él, pasando los obstáculos que significaban los demás convidados, los reporteros entre ellos, regalando sonrisas y alguna que otra fotografía. No podía dejar de mirarle, incluso, había dejado de prestar atención a la plática, mientras su mente recogía cada detalle de Andrei, su cabello perfectamente peinado, largo y lustroso rojo sangre, su pálida piel cubierta por aquellas ropas, un traje en color gris perla, camisa en un tono azul demasiado bajo en tonalidad, sin corbata, casual, ensalzando mas sus atributos, esa delgada cintura resaltada por el cinturón, la curvatura de sus caderas, todo aquel exquisito cuerpo que apenas había podido vislumbrar en las sesiones de fotos.

Lo deseaba, realmente lo hacía y había sido a causa del alcohol y el poco raciocinio que este le dejaba que se había acercado a él, sin perder sus refinados modales y lo había invitado a beber una copa con él.

Y siguieron, una tras otra, escapando después de un par de botellas de vino tinto chileno, saliendo de la sala de exposiciones hasta llegar al hotel donde Marius se hospedaba y habían dado rienda suelta a ese deseo desenfrenado, ese que carcomía sus mentes, sus cuerpos, que los quemaba y los justo en ese momento los hacía gritar de placer mientras se entregaban sin pensarlo a ese pecado.


-Marius- escucho la suave voz de Andrei llamarle desde la puerta del balcón, sacándolo de sus recuerdos. Y ese era otro aspecto del cual se había enamorado de aquel niño, su exquisita voz de barítono, suave y viril, aunado a esto su no tan marcado acento ruso.

Volvió a penas su rostro, observándolo por el rabillo de su ojo izquierdo, medio sonriéndole. Escucho los pasos descalzos de su joven amante acercándose a el por la fría loseta que cubría el suelo de aquella terraza, y sus delgados brazos rodeando su pecho, el peso de su cuerpo tras de él, su calor y su respiración cuando pego su cabeza en su pecho.

-¿Por qué me evitas?-le escucho murmurar levemente, mientras el pasaba sus dedos por encima de las manos de Andrei, en una leve, pero intima caricia-. No me llamas.

Volvió a hablar, en un tono compungido que provoco que se formara un fuerte nudo en su garganta. No le gustaba.

-No te he estado evitando, Andrei-contesto al final de lo que parecieron eternos minutos en silencio, apretando levemente la mano derecha del joven pelirrojo con la suya propia, separándola un poco de su cuerpo para poder observarla.

Aquella juvenil y pequeña mano de dedos largos, casi femenina, en comparación de las suya, su mano grande y varonil, que pese a tener los dedos largos, no dejaban de ser las manos de un hombre que había trabajado duro durante toda su vida y en la que ya podía percibir algunas marcas de edad, ligeras líneas y pecas.

Cerró los ojos, agachándose un poco y jalando la pequeña mano para besarla con reverencia.

-Te amo- le escucho murmurar amortiguada mente en su espalda, sintiendo como esa delicada mano buscaba enredar sus dedos con los suyos.

-Andrei- fue lo único que salió de sus labios antes de separarse, de quitar esos brazos que le rodeaban de él.
Se giro con lentitud, observando a un Andrei aparentemente derrotado, que lo miraba desde su pequeña estatura con suplica. Dio un paso al frente y Andrei uno hacia atrás, como si estuviera huyendo o impidiéndole el paso.

Dio un nuevo paso, sin observar algún cambio en Andrei, quien simplemente se quedo parado, agachando la mirada mientras el entraba al departamento. Dejo su vaso sobre la barra del bar, tomando la botella de cognac, llenando nuevamente su vaso. Se quedo recargado en la barra, observando hacia la terraza, donde Andrei permanecía de pie, con el rostro levantado hacia el cielo nocturno.

Por desgracia, el vivir en una ciudad tan cosmopolita, tan llena de gente y agentes contaminantes, les impedía la visión perfecta de un cielo pletórico de estrellas, pues al volver la vista hacia el cielo, se podía ver una que otra estrella entre las nubes de contaminación y tormenta.

Suspiro pesadamente, cerrando los ojos, concentrándose ahora solo en la música, una de esas bandas modernas que tanto le gustaban a Andrei, pese a que ambos tenían gustos a fines, había tantas otras cosas que los hacían diferentes, y eso los complementaba casi perfectamente.

Jugueteo un instante mas con su vaso, observando el translucido y ambarino liquido que le recordaba al brillo de los ojos de Andrei. Se paso la lengua por sus resecos labios, escuchando las últimas notas de la canción y detrás de ellas nuevamente los pasos descalzos de Andrei.

Levanto el rostro, encontrándose con los ojos del joven, llenos de esperanza, acuosos, señal que había llorado, y las marcas salinas se deslizaban horrorosamente por las pálidas y núbiles mejillas, levemente teñidas de carmín.

No pudo evitar tragar duro, antes de dar otro sorbo a su bebida, apurándola y dejar el vaso sobre la barra.

Cerró los ojos, suspirando largamente. Derrotado ante sus propios deseos.

Estiro su brazo, tomando el rostro de Andrei por la barbilla, en un gesto poco delicado, y lo beso de la misma forma, apasionado, amenazantemente territorial, degustando un leve toque a frutas y alcohol en la boca ajena, sintiendo como los brazos de Andrei se aferraban a su camisa, con tal fuerza que logro desgarrar la prenda de delicada seda inda.

Rodeo la estilizada cintura de Andrei entre sus brazos, cargándolo en vilo hasta llevarlo a la recamara, sin dejar de besarlo ardientemente, escuchando de fondo una canción que Andrei le había dedicado en alguna ocasión, en algún concierto de una banda de la cual no podía, ni quería recordar el nombre en ese instante.

“My Sweet Prince”

Y hasta ahora, no había entendido lo que había querido decirle con ella, no, hasta ese instante en que lo había lanzado con poca delicadeza sobre su cama y terminaba por deshacerse de su raída camisa, y el resto de su ropa, dejándola tirada en cualquier lugar, antes de hacer lo mismo con la ropa de Andrei.

Se lanzo sobre él como un animal hambriento lo haría con su presa, atacando sus labios que ahora parecían más rojos e hinchados de lo normal, dejando marcas en el juvenil cuerpo, con sus dedos y dientes.

-Andrei-murmuro entre jadeos, escuchando solo gemidos placenteros en respuesta, y el joven cuerpo retorciéndose bajo el suyo.

Las respiraciones agitadas llenaron el ambiente, acompañando a la voz que cantaba ahora para ellos. Gemidos, jadeos, el rose de sus pieles y el sonido de sus labios al besarse.

Marius, sabía perfectamente la razón por la cual no había intentado recuperar su matrimonio, aun cuando su ex mujer se lo había propuesto, sabia por que le era tan difícil cada vez escapar de Andrei y de todo lo que sentía por él.

-Marius… Marius….-podía escucharle llamarle entre gemidos, podía ver su piel ardiente derretirse de forma casi literal, perlada de sudor, su cuerpo retorciéndose bajo sus expertas caricias y el disfrutaba con todo aquel espectáculo.

Le gustaba sentir esa joven piel bajo sus dedos, esa voz llamándole desesperadamente, ver esos ojos arrobados suplicarle en silencio y esos labios pedir de la misma forma ser poseídos por él, solo y exclusivamente por él.
Y él lo disfrutaba, como era apropiado, tal y como se deben ser degustados los pecados.

-Andrei- murmuro su nombre nuevamente, disfrutando cada silaba, disfrutando del sabor de esos labios jóvenes, de la piel lechosa ahora llena de marcas, mientras volvía a dejar nuevas al paso de sus labios y dedos.

¡Ah! Y cuanto más podría seguir disfrutando de toda esa lujuria, dejando besos y mordiscos en su cuello, sintiendo las manos jóvenes y poco experimentadas acariciar su espalda mientras lo hacía. Mordiendo uno de sus pezones con apasionada delicadeza y sentir las uñas de su amante clavarse ligeramente en sus hombros.

Lamer la línea de su esternón y bajar hasta su estomago, entreteniéndose nuevamente en un erótico juego con el redondo y perfecto ombligo de Andrei. Bajando un poco mas par besar su plano vientre, enredando sus dedos en el pelirrojo y rizado vello púbico, sintiendo como el cuerpo más pequeño se retorcía nuevamente, buscando mas contacto, y el cruelmente prolongándolo todo, beso sus muslos, mordisqueándolos, sintiendo un leve tirón en sus cabellos, y las afiladas uñas en el cuero, y él siguió con su camino de besos y lamidas, succionando aquella deliciosa piel expuesta, bajando por una de sus largas piernas hasta llegar a sus pálidos pies, besándolos, devocionandolo correctamente, como siempre se debería hacer.

Andrei, para él era un ángel, el más bello de todos, el más perfecto. Un ángel caído exclusivamente para él.
Y siguió besándolo con la devoción de un santo, recorriendo su cuerpo nuevamente, girándolo sobre la cama para poder seguir marcándolo, besando sus glúteos, estrujándolos entre sus manos con poca delicadeza, dejando las marcas rojas de sus dedos en ellos, dejo lamidas y mordiscos en toda su espina dorsal, escuchando los gemidos suplicantes de su joven amante, hasta llegar al hueso de la nuca, deleitándose de besar y chupar esa zona tan delicada, y podía disfrutar de ver como Andrei se retorcía de placer ante esas caricias que solo él podía y sabia provocar, pues el mas que nadie conocía a la perfección su cuerpo, cada espacio, cada poro de aquel cuerpo, así como podía estar seguro de que Andrei conocía el suyo.

Cerró los ojos ante ese pensamiento, dejando sus caricias a un lado, recostándose a un lado de Andrei, en la cama, quien simplemente lo miro interrogante, aun que no tuvo que hacer dicha pregunta, el sabia la respuesta, era clara. Andrei sonrió mágicamente, de esa forma seductora que hacía que cualquiera quisiera cometer un grave pecado con él.

Se levanto de la cama, sentándose sobre las caderas de Marius, besando sus labios con reverencia, pues ahora él era quien devocionaria el cuerpo ajeno, con besos y caricias que no eran nada, comparadas con las de Marius en su cuerpo, pero él hacia el mayor esfuerzo para hacerlo sentir de la misma manera, dejando marcas más pequeñas, besos y arañazos en la blanca piel de Marius.

-Te amo-murmuro sobre la piel de su pecho, en el lado izquierdo, donde latía acelerado su corazón y el podía sentirlo, podía percibir el palpitar de aquel fuerte corazón que parecía inmortal para él.

Cerró los ojos levemente antes de seguir besándolo, quedándose con ese pensamiento y el sonido del fuerte corazón de Marius latiendo en sus oídos, y la música de fondo repitiéndose una y otra vez.

Hubiera deseado escuchar que Marius respondía a sus palabras, algo que nunca hacia. Andrei podría haberle confesado que lo amaba, pero Marius, el simplemente nunca decía nada y permanecía callado, inamovible ante tal sentimiento, mientras lo miraba fijamente por horas, o lo retrataba o lo pintaba, para lo que Marius decía, era su colección privada.

Andrei muchas veces reclamo aquella falta de atención hacia él, inmaduro al fin a su edad, caprichoso, dado a su estilo de vida. Y ese era el único capricho, el único deseo que no se le había concedido.

-Te amo-repitió nuevamente antes de ahogar un sollozo antes de tomar la virilidad de Marius entre sus labios, degustando aquel pedazo de carne, succionando, lamiendo y jugando con sus dientes y lengua, con cada musculo de su boca, disfrutando en su pervertida mente, de la forma en que Marius respondía a aquellas caricias, en su voz se distorsionaba en jadeos roncos e indecentes. Y Andrei realmente disfrutaba con eso, porque él sabía que ni siquiera Lydia, pudo verlo así, ni siquiera ella pudo haberlo hecho gemir así como él lo hacía.

Y se quedaba con eso.

Quizás Marius no lo amaría jamás como él lo hacía, pero al menos se quedaba con saber que no había ningún otro u otra amante que lo hiciera disfrutar como él.

Saco el turgente miembro de Marius de su boca, lamiendo la punta con connotada lascivia, lamiendo sus labios de la misma forma, trepando por el cuerpo de Marius, mirándolo a los ojos con deseo ardiente, sintiendo como su propio miembro pulsaba y su cuerpo entero se estremecía, el cómo sus entrañas pulsaban por sentirlo dentro de el.

Se sentó nuevamente a horcajadas sobre el cuerpo de Marius, restregándose sobre su duro y humedecido miembro, gimiendo de forma descarada, arañando los músculos de los pectorales del mayor.

Marius, disfrutaba realmente con el espectáculo, gimiendo al sentir el joven cuerpo restregarse suplicante sobre de él, acariciando sus piernas, sus muslos, sus caderas, ayudándolo a que siguiera con ese rose, tocando ligeramente el miembro del menor, antes de tomarlo con poca delicadeza en su fuerte mano, masturbándolo de igual forma, sacándole gemidos exasperados y demasiado altos a esa exquisita boca que minutos antes le habían dado un excelente sexo oral.

Estiro su otra mano, tomándolo por los cabellos, tirando de ellos para acercar esa boca y poder besarlo con ansiedad. Jugando con la lengua ajena, sintiendo como la saliva de ambos se combinaba y escapaba de sus bocas de una manera demasiado obscena, al igual que los sonidos que escapaban de ellas, provocadas por el húmedo rose de sus lenguas.

Gemido tras gemido, mientras se seguían explorando el uno al otro, arañándose y marcando su territorio en el cuerpo ajeno.

Andrei tomo entre sus dedos las rubias hebras del cabello de Marius, tirando de ellas, mientras se seguían besando y restregando sus cuerpos sin llegar al coito. Marius, sostenía las caderas del menor, clavando en la delicada y pálida piel sus dedos, dejando marcas que tardarían en borrarse, y no le importaba en absoluto lo que pensara su siguiente colega, quien lo retrataría desnudo para una publicación.

Mejor, que supiera que Andrei tenía un dueño, y que ese era el.

-Te amo-murmuro Andrei en un jadeo, un sollozo camuflajeado con un jadeo, amortiguado por los labios ajenos-. Tómame ahora.

Exigió, mientras clavaba sus uñas en el cuero cabelludo de Marius.

Marius sonrió ligeramente, antes de tomarlo con brusquedad, recostándolo sobre la cama, separando sus piernas mientras le observaba retorcerse con placer y anticipación, levantando las caderas deseoso. Coloco su pene en la entrada pulsante y húmeda de Andrei, empujando contra ella, entrando de forma casi violenta en una sola estocada, en la cual ambos gimieron placenteramente, antes de que Marius comenzara a moverse dentro del joven cuerpo, con fuerza, con deseos de romperlo en mil pedazos, todo, con tal de demostrarle ciegamente cuanto es lo que Andrei le hacía sentir, algo que sus palabras no alcanzaban a expresar, algo que esas dos palabras que Andrei le repetía continuamente mientras él lo follaba con lujuria y violencia, no le eran suficientes y le frustraban.

Sentía su sudor bajando en ligeros hilos por su nuca, su espalda, su pecho, provocando un exquisito y excitante ardor en su piel debido a los arañazos que dejaba Andrei en cuerpo, las marcas de amor violento que Andrei dejaba en el.

-Marius…. Marius….-escuchaba su nombre en esa voz suplicante, entre jadeos, y sollozos, como una mantra. Podía ver las lágrimas deslizarse por las sienes de Andrei, la expresión de infinito y devoto amor que aquel niño sentía hacia él y no pudo evitar sentir sus lágrimas caer sobre los labios de su amante.

Y Andrei lamio esas lagrimas, las bebió una a una como si estas fueran la cura para todo aquel dolor que le destrozaba, como si de alguna forma en aquella mescla perfecta de agua y sal corporales fuese el agua bendita de algún altar, cuando en realidad era veneno puro.
El más efectivo de todos.

El veneno que consumía el alma de Marius cada que estaba con Andrei.

Su pervertida forma de amarlo, el pecado mismo.

Seguía moviéndose dentro del cuerpo más joven, jadeando como un animal enfebrecido de éxtasis y adrenalina, tomándolo de distintas formas, doblegándolo a sus más bajos instintos. Cambiándolo de posición, mientras Andrei accedía sumisamente, sin dejar de gemir y repetir su nombre y cuanto lo amaba, hasta que su vista se vio nublada súbitamente, de un brillo dorado, en donde solo existían solo ellos dos.

Pegando a su cuerpo el del más joven, besándolo de forma ardiente, exasperada, sintiendo los estremecimientos en el cuerpo de Andrei, sus jadeos, y la manera en que se aferraba a él. Sabía que ambos estaban experimentando lo mismo.

Para Andrei, aquel instante era perfecto, mágico, aferrado en un apretado abrazo al cuerpo del hombre al que tanto amaba, gimiendo su nombre, escuchando el suyo en aquella voz ajena, y aquel místico brillo dorado que los rodeaba.
Gimieron al mismo tiempo sus nombres, terminando de forma violentamente apasionada, dejando que sus mutuos orgasmos estallaran en medio de aquella habitación, como un volcán en plena erupción, que deja a su rastro ríos de piedra incandescente que tardarían en apagarse por completo.
Se dejaron caer sobre la cama, agitados, abrazados, con sus fluidos mesclados.

Andrei fue el primero en abrir los ojos, aun con la vista nublada, encontrándose con las perfectas facciones de Marius, aun con todas esas líneas de expresión que su edad le otorgaba, para Andrei, no podía haber ser más perfecto que Marius.

-Te amo- murmuro por incontable vez aquellas palabras, dejando un pequeño rose en los labios de Marius, sin separarse de él, aferrándose a él, como si fuese a desaparecer en cualquier instante.-Te amo.

Repitió, dejando escapar aquel doloroso sollozo de sus labios.

Marius simplemente guardo silencio, sin embargo, también se aferro al joven cuerpo, besando sus labios, esta vez de forma delicada, sintiéndose aun en el cálido interior de su amante, y sin querer separarse aun de él. Cerró los ojos un instante disfrutando aquella sensación, aquella unión física que iba más allá de aquel simple y mundano acto carnal.

El amaba a Andrei a su manera. Con lascivia, con dolor. Lo amaba con todo su ser y le dolía no poder expresarlo con palabras que alguien con el intelecto de Andrei no entendería.

No que Andrei fuese idiota, simplemente, que él era demasiado joven e ingenuo para entenderlo por completo.

-Te amo-murmuro por primera vez en aquellos dos largos años de enfermiza relación que llevaban.

Por que así era, una relación enfermiza que los había orillado a lastimarse físicamente en muchas ocasiones y las marcas eran evidentes.

La marca de una herida en el hombro de Marius provocada por un ataque de celos de Andrei, y la hoja de una afilada navaja.

Y las marcas ocultas en la espalda derecha de Andrei, provocadas también por un ataque de celos de Marius hacia con él, las marcas de un cinturón que había cortado la delicada piel, esas marcas oculta ahora por un tatuaje de unas alas negras en toda la espalda de Andrei.

Andrei dejo escapar sus lagrimas, mas aun cuando sintió el cuerpo del mayor moverse sobre él, contra él, sintiendo su miembro crecer dentro de su cuerpo y acometer contra el nuevamente, gimiendo su nombre, aun que esta vez lo hacía de una forma más calmada. Casi con delicadeza.

Porque en esa ocasión le hacía realmente el amor a el ángel caído.

-Te amo- repitió Marius sobre los enrojecidos e hinchados labios, antes de besarlos, escuchando aquellas mismas palabras salir de estos, al tiempo que llegaban nuevamente al orgasmo, separándose totalmente en esa ocasión, o casi, permaneciendo abrazados y enredados en las sabanas, manchadas de sudor, semen y sangre.

La sangre que los unía, esa sangre que en un rito demasiado macabro habían compartido alguna vez.
Esa sangre que habían compartido nuevamente esa misma noche, como un renovado juramento de amor eterno, que dejaba marcas visibles y esas nuevas marcas estarían cubiertos para otros ojos con simples dibujos corporales, un extraño dibujo de unas alas.


Y el sol los encontró, aun unidos en un fuerte abrazo, antes de volver a la realidad, fuera de aquella burbuja que ellos habían formado, cada quien volviendo a sus rutinas, esperando nuevamente a que la noche caiga y volver a redescubrirse y a jurarse su amor eterno, aun que realmente, no sabían de cuantos años constaba su eternidad.


~§~~§~~*~~§~~§~




Espero que les guste.
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Re: Fan Fic: My Sweet Prince 18+ { Marius / Armand }

Mensaje por Armand el Mar Mayo 01, 2012 5:20 am

Bueno, me tuviste en vilo hasta que Marius por fin le dice "Te amo". Me gustó mucho, precisamente esa es la esencia a mi parecer, de esta pareja y nunca me cansare de leer algo sobre ellos ^^

pliz
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Re: Fan Fic: My Sweet Prince 18+ { Marius / Armand }

Mensaje por Kenneth Shaw el Vie Nov 23, 2012 3:25 pm

Wow. Este post es verdaderamente increíble. Felicidades.
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Re: Fan Fic: My Sweet Prince 18+ { Marius / Armand }

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