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Fan Fic: Spectre 18+ { Nicolas / Louis }

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Fan Fic: Spectre 18+ { Nicolas / Louis }

Mensaje por Belial el Mar Mayo 01, 2012 5:08 am


Spectre
By: Nerissa Leone


Y el escenario era el perfecto para todo aquello que se avecinaba.

El hecho de que sin deberlo ni temerlo ambos estaban en el mismo lugar y en el momento indicado, los hacía victimas infalibles de las ironías del destino.

Se habían visto tan solo una vez en un desafortunado encuentro en parís, no se habían dirigido más que dos palabras, quedándose con el amargo sabor de boca debido a las circunstancias que en ese momento los rodeaban.

Los miedos, los reproches de Lestat, simplemente hicieron que cualquier intento de conversación se viera imposibilitado.

Así que aquella noche Louis había vuelto con Lestat a América, aun molesto con su actitud tan… reprobable, dejando a un Nicolás totalmente “compungido” o algo así le había parecido a Louis, que había sido la reacción del mencionado.

Después de dichos eventos, Louis, se había alejando de Lestat, por la incomodidad que le provocaban sus continuas quejas, sus infantiles lloriqueos y por la actitud tan arisca que su madre, Gabrielle había tenido hacia Nicolás cuando se había enterado de que aun vivía.

Sin creerlo, el se compadecía de su igual, al fin y al cabo, le parecía que Lestat había tenido razón al compararlos.

Ambos, tanto Nicolás como Louis, eran tan parecidos y a la vez tan diferentes el uno del otro.

Apasionados, enajenados, carentes de fe y esperanza alguna en su propia existencia, siendo ambos la sombra de aquel rubio vampiro, que los movía y dirigía cuales polillas a la voluntad de su monstruosa luz espectral.

Y ninguno de los dos, podría negar su profundo amor hacia ese vampiro, aun que distara de ser igual, cada uno le amaba a su manera.


Así que es noche, después de haber peleado con Lestat y dejado la casa que compartían en New Orleans, y más por melancolía y porque sabía que en ese lugar podría encontrar a la única persona con la que podría platicar sin que le reprocharan nada, había asistido a la Night Island.
Llevando como único equipaje un libro de poemas de Baudelaire en su idioma original, el cual había adquirido en Paris, antes de todos aquellos acontecimientos.

A penas había pisado la recepción del hotel, cuando sintió de inmediato otra presencia vampírica cerca de él, volviendo el rostro hacia la entrada, lo vio entrar, con ese aire arrogante y la expresión sardónica dibujada en el rostro, cargando en su mano derecha el estuche de su inseparable violín.
Nicolás d’ Lenfent, también se encontraba ahí.

Por alguna extraña razón, se sintió ligeramente perturbado por la siniestra aura que siempre acompañaba al violinista, y esa seguridad que aparentaba a cada paso que daba dentro del lobby de aquel caro hotel.

-Monsieur Pointe du Lac- saludo primero, torciendo los labios en lo que parecía una sonrisa llena de ironía, parado a precarios pasos de Louis.

-Bonsoir Monsieur Lenfent-. Correspondió el otro vampiro al saludo, carraspeando ligeramente, antes de acercarse de forma lenta, a paso medido y seguro, extendiendo su pálida mano de largos dedos hacia Nicolás en un gesto amable, sonriendo de la misma forma.

Nicolás tomo la mano ofrecida presionando gentilmente unos segundos antes de soltarla. Cambio su sonrisa ligeramente, haciéndola un poco más cándida.

-Y dígame Monsieur, ¿que lo trae a la Isla?- Pregunto Louis, sin esconder la curiosidad que le provocaba Nicolás, incluso antes de conocerle.

El aludido, simplemente permaneció de pie, frente al otro vampiro, sin borrar aquella misteriosa sonrisa que adornaba su rostro.

-Asuntos…. “familiares”-contesto, borrando su sonrisa, volviendo el rostro hacia donde pasaban otros huéspedes, jóvenes, tan jóvenes como ellos dos en apariencia. Su rostro se volvió sombrío, sin dejar de mirar a los jóvenes que, desinteresadamente, iban armando escándalo dentro de las instalaciones del Resort.

-¿Y usted, Monsieur?- Fue el turno de Nicolás de preguntar a su “compañero”, mirándolo fijamente, haciendo contacto con los ojos ajenos.

Perdiéndose en el melancólico brillo de esos ojos imposiblemente verdes. Cerró sus ojos, aclarándose la garganta y desviando la mirada nuevamente, mientras esperaba la respuesta.

-Vine a ver a Armand- contesto, con una tímida sonrisa dibujada en sus labios, amarga, pues tampoco estaba dispuesto a decirle la verdad.

Ambos permanecieron en silencio, parados en medio del recibidor, sin dejar de mirarse fijamente.
Louis comenzó a sentir incomodo ante la intensa mirada de Nicolás. Bajo la mirada, volviéndola hasta la puerta que llevaba a una sala, discretamente iluminada, donde podía ver a pocas personas, bebiendo o simplemente disfrutando del tranquilo ambiente del lugar.

Al parecer se trataba de un lounge bar, de ambiente cálido, decorado minimalista, iluminado suavemente en tonos rojos, violeta, rosados y ámbar.

Nicolás también volvió la mirada a dicha estancia, acercándose a Louis nuevamente.

-Le molestaría Monsieur, si le pido que me haga compañía, quizás podamos tener una conversación decente, sin dramas de por medio-. Ofreció Nicolás, inclinando su rostro del lado izquierdo, inconscientemente, sin dejar de observar a Louis, aguardando su respuesta.

Louis trago duro, sonriendo de forma discreta asintiendo ligeramente con la cabeza, moviéndose, antes de contestar.

-Seria un placer poder conversar con usted, Monsieur- contesto, sin borrar la discreta sonrisa que se había formado en sus labios. Dio un paso en dirección al bar, esperando ser acompañado por Nicolás, quien caballerosamente le había cedido el paso, al ser él el que le había invitado.

Entraron al lugar, percibiendo a penas el ambiente cálido del lugar envolviéndolos, las luces y el ligero aroma cálido del aceite aromático de cítricos quemándose en algún lugar. Se fueron a sentar a una de las mesas, uno frente al otro, observándose, estudiándose de forma discreta y elegante.
Porque cabía mas en ellos la educación que habían tenido como jóvenes mortales, que la creciente curiosidad que sentían el uno por el otro.

Nicolás dejo el estuche del violín recargado a un lado del sillón tapizado de cuero blanco en el cual se había sentado, recargando sus antebrazos en la superficie de acrílico de la mesa entre ambos. Louis, simplemente se había sentado, dejando el libro sobre la mesa, y sus manos discretamente puestas una sobre la otra, sobre el libro.

Un mesero se acerco a ellos, entregándoles las cartas del menú, ofreciéndoles algo de beber.
Nicolás rechazo con un gesto desinteresado de su mano, pidiendo una copa de vino, a lo que Louis simplemente agradeció con una sonrisa, pidiendo lo mismo, observando a Nicolás fijamente, quien permanecía de perfil, observando al mesero alejarse de ellos.

Para Louis, Nicolás le resultaba simplemente intrigante en su forma de actuar, de hablar, su físico. Nicolás era todo un acertijo a sus sentidos y lo confundía de una forma que jamás creyó sentirse nunca.

Se quedo perdido, estudiando casi a detalle el rostro de Nicolás, la pálida piel, las ligeras ojeras, resultados, suponía el, de los desvelos sufridos cuando aún era un hombre mortal, sus afilados pómulos, su marcada mandíbula, su nariz recta en armonía con el resto de su rostro, sus labios delgados y bien formados, de un tono rosa pálido, de los cuales extrañamente no podía despegar sus ojos, solo hasta que este volvió el rostro nuevamente hacia él.

Apenado, bajo la mirada, evitando volver a mirar a los ojos de Nicolás, sintiendo un leve sonrojo en sus pálidas y frías mejillas.

Se formo un silencio incomodo entre ambos vampiros, quienes se enfrascaron cada uno en sus propios pensamientos, Louis, aun avergonzado y Nicolás…

Ahora era él quien el que se había quedado inspeccionando a Louis. Sus cabellos negros como la noche misma, la palidez extrema de su tersa piel, las manos de dedos largos aun sobre la mesa, sus labios en los cual podía notar una sonrisa amable, pero especialmente eran sus ojos los que habían provocado en él una atracción casi hipnótica.

El color de sus iris, el verde esmeralda que tanto había disfrutado beber en aquellos bares clandestinos en París, antes de encontrarse con Lestat, la Absinthe.

Era una droga popular en eso entonces, entre muchos de los hombres ilustrados, aquellos hombres que iniciaron con la revolución, ocultos en aquellos bares, artistas anónimos a los que llego a ver en alguna ocasión, hombres de los cuales ya no recordaba el nombre, a no ser que alguien le hiciera alguna referencia.

Louis, le provocaba la misma extraña sensación de embriagues, sin embargo, guardo silencio a esos pensamientos, esperando a que fueran ciertas las palabras de Lestat, acerca de la incapacidad de Louis para poder leer o captar los pensamientos de los demás.

Aguardaron aun en silencio, hasta que el mesero regreso con sus copas de vino, dejándolas frente a ellos. Ninguno toco su respectiva copa, simplemente seguían inspeccionándose mutuamente.

-Salud- fue Louis el primero en romper el silencio y la tensión que les rodeaba, extendiendo la sonrisa en sus labios antes de llevar la copa a sus labios, a penas rosando la superficie de cristal, apreciando el buque de aquel tinto, antes de dar un pequeño y elegante sorbo a la bebida para luego separar la copa de sus labios.

Nicolás no pudo evitar entonces seguir cada movimiento, lánguido y refinado, el cómo después de que Louis bebiera y dejara la copa sobre la mesa pasara su lengua en un gesto inconscientemente sensual por sus labios, el que su mano acomodara los lustrosos cabellos negros detrás de su oreja, era simplemente para dejar a cualquiera sin aliento.

Louis, era simple y llanamente, sensual en todos los sentidos.

-Salud- respondió Nicolás, bebiendo en una forma menos discreta de su copa, sin necesidad de fingir ser algo que él no era. Para él, después de dos siglos de reflexión, le era fácil aceptar su condición como vampiro, algo que obviamente, para Louis le seguía siendo difícil, pese a todo.

Dejo su copa sobre la mesa, sonriéndole abiertamente, dejando relucir su blanca dentadura y sus afilados colmillos.

-¿Lestat sigue molesto conmigo?-pregunto desinteresadamente a Louis, quien levanto la mirada, sorprendido por la forma tan repentina en que Nicolás le había preguntado.

-Supongo- respondió de forma cortes, no quería decirle que realmente Lestat estaba demasiado, más que alterado por saberle aun con vida, aun que tampoco lo sabia él, realmente que era lo que pasaba por la mente de Lestat, que pensaba al respecto, que deseaba, ni las razones concretas por las cuales habían discutido.

Tenía miedo de preguntar, era así de simple. La razón.

Era porque se sentía igualmente confundido y profundamente enamorado de su creador, y la presencia de Nicolás, ahora significaba un obstáculo demasiado siniestro en su extraña “relación”.

Se sentía confundido y a la vez amenazado por la presencia de Nicolás.

-Solo reclamo y dijo demasiadas cosas, no muy coherentes- indico Louis, jugueteando nerviosamente con sus dedos-. Tal vez sea que está demasiado confundido al respecto, apareciste de la nada y de forma tan repentina, que me resulta lógica su reacción.

Indico aun guardando la compostura, pese a que ahora se encontraba hablándole de tú, a su interlocutor.

Nicolás, simplemente sonrió, de forma ligera y llena de ironía, volviendo casi de inmediato a su aspecto altanero y frívolo.

-Lestat siempre ha sido así, un experto en el arte del dramatismo- comento, tomando su copa, dando otro trago, deseando disfrutar el sabor de aquel vino, poder saborear algo más que el simple y añejo aroma-. Lo más gracioso del asunto es que él cree que todos los demás somos los que dramatizamos- indico sonriendo burlonamente, aparentemente disfrutando.

Louis sonrió, dándole la razón a las palabras de Nicolás. Lestat era sin dudas un maestro del drama, algo que nunca aceptaría, por orgullo.

-Se niega a ver sus propios errores y los refleja en la gente que lo rodea- puntualizo-. Está claro que el siempre debe llevar la razón ante todo, ante todo y pese a todo –. Nicolás siguió hablando, sin vergüenza alguna, expresando todo lo que veía y sabia de Lestat-, y no le importan las consecuencias de sus actos y palabras.

Dijo y entonces guardo silencio, observando a Louis, quien tan solo se había quedado atento, escuchándole y observándole.

-Me temo que en eso estamos de acuerdo, Nicolás- apuntó Louis, tomando su copa de vino, apurándolo en un solo trago, dejando la copa vacía sobre la mesa-. Aun que a veces me gusta imaginar a un Lestat distinto a lo que es, creo…- dijo y guardo silencio, volviendo su rostro hacia otro lugar, meditando sus palabras-. Que no sentiría lo mismo al estar con él, seria engañarme nuevamente, como siempre.

Revelo, con un deje de derrota en sus palabras, bajando la mirada, atento a la portada de su libro, a las florecillas dibujadas en el.

-Además, si quisiera estar con alguien más….-volvió a retomar la plática, levantando la mirada, fijándola en los ojos ajenos- Creo que debería elegir mejor, ya he cometido demasiados errores en todo este tiempo.

-Lo dices por esa niña suya, ¿no?

-Así es...-fue la respuesta de Louis a la pregunta-. Y no solo con ella, también estuvo Merrick, aun que a veces creo que mi peor error es el haber aceptado a Lestat en mi existencia, y por mucho que me hiera aceptarlo, me siento incapaz de dejarlo.

Nuevamente su mirada bajo, dejando ver la tristeza infinita que le embargaba, la cual intentaba ocultar falsamente y eso era algo que lo hacía mucho mas tentador.

Louis era toda una sinfonía de tragedias, una tras otra.

-Me gustaría tener el valor que tú tuviste en tu momento, para poder dejar a Lestat- murmuro, esta vez sin levantar la mirada.

Nicolás le observo con esa arrogancia innata en el, recargado totalmente en el respaldo de su silla, con los brazos cruzados sobre su pecho.

-No fue valor lo que me orillo a tomar esa difícil decisión, Louis- fue la respuesta de Nicolás-. Fue… mas bien, temor.- admito,con cierta amargura impregnada en sus palabras, pues ese era un hecho que había tenido que dejar atrás en el mismo instante en que había decidido que era mejor seguir viviendo a tener una muerte demasiado… patética y poco agradable.

-Es probable que ni Lestat sepa esto que voy a decirte- expuso -, pero lo ame como jamás he amado a nadie, por el hice cosas que jamás me creí capas, porque me sentía alentado por su alegría, pese a sus patéticos ataques de ansiedad y su paranoia- comento, perdiendo su mirada en un punto inexacto detrás de Louis, quizás, perdido en sus recuerdos de antaño. Suspiro-. Y me rompió no solo el corazón, me rompió el alma el saber que, sin importar sus motivos, me alejo de su lado y tomo a su madre como compañera y las cosas se hubieran quedado así, de no haber sido por el accidente con Armand y su asamblea de locos religiosos.

Dijo, tensando todos los músculos de su rostro.

-Lo odie con razones justificables- murmuro, llevándose los dedos de su mano derecha a sus labios posándolos sobre ellos, en un gesto demasiado distraído-. El me transformo por lástima, porque no había más recursos, porque sabía que moriría si me dejaba así, en ese estado y no él quería cargar con esa culpa.

Guardo silencio, cerrando los ojos, cubriendo totalmente sus labios con la palma de su mano, inspirando profundamente, antes de soltar el aire contenido, abriendo sus ojos y quitando la mano de sus labios.

Louis le observo, fijamente, conmocionado por las palabras de Nicolás y la forma en que se había abierto a él, tan inesperadamente.

-Creo entender un poco el cómo te debes haber sentido- musito, desviando su mirada, sin atreverse a mirarle directo a los ojos-. No quiero sonar presuntuoso…

Reinicio nuevamente la conversación Louis, después de haber permanecido en silencio unos minutos, permitiéndole a Nicolás reponerse totalmente de sus recuerdos.

-Pero supongo que pasar más de medio siglo compartiendo mi existencia con Lestat, me hiso conocer esa parte egoísta de él – murmuro -. El creo a Claudia como último recurso para retenerme a su lado, por capricho, igual que hiso conmigo, y quizás suene un tanto agresivo y grosero, pero creo que me eligió a mí para convertirme en una especie de remplazo tuyo.

Suspiro cansinamente, sonriendo con un leve toque de amargura.

-Probablemente - dijo Nicolás, fijando su mirada en los ojos ajenos, haciendo una extraña conexión con Louis, un momento de total y mutuo entendimiento, que le provoco una sensación que hacía mucho no sentía.

Pues aquella conexión era casi similar a lo que lo unía a Lestat en ese momento, su “Instante de Oro”.

- Aun que no deberías creer del todo eso- dijo, de forma seria -. Tú no estás tan podrido como yo -índico moviéndose en su asiento, haciéndose hacia el frente, recargando brazos en la mesa, acercándose más a Louis de esta manera.

-Tú no puedes saber eso - contesto Louis con nerviosismo.

-No necesito saberlo, para decirlo - contesto Nicolás, torciendo sus labios en una media sonrisa llena de sarcasmo -. Puedo verlo reflejado en tus ojos, Louis.

Louis alzo una ceja de forma suspicaz, correspondiendo de forma inconsciente a la sonrisa que le brindaba Nicolás, sintiendo el ambiente menos denso.

-¿A si? Y dime, ¿que ves en mis ojos? - Pregunto con curiosidad, divertido, echando su cuerpo hacia el frente, quedando más cerca de Nicolás.

-Puedo ver a un joven temeroso de sus instintos, enamorado de su humanidad – murmuro -. Aun que supongo que eso ya te lo han dicho muchas veces – afirmo -. Puedo asegurarte que todos aquellos, incluido Lestat, no estaban mintiendo, Louis.

Puntualizo, arrastrando cada silaba del nombre del otro vampiro, fijando la mirada en el.

-Ahora tu di, que ves en mis ojos - sugirió, echando nuevamente su cuerpo hacia atrás, observando cómo Louis imitaba su movimiento, sin quitar sus manos de la mesa.

-Que veo en ti - dijo retóricamente, pasando inconscientemente su lengua por sobre sus labios secos, hidratándolos -. Creo que eres un excelente músico, con un alma torturada, pero que artista no lo es - sonrío ligeramente -. Baudelaire lo era.

Dijo levantando el libro, que se encontraba aun en la mesa.

-He hizo grandes cosas, hermosos poemas y en cada uno de ellos destila un poco de esa alma tan profunda, tan misteriosa, así como tú, yo creo que cuando tocas el violín es tu forma de expresar lo que llevas dentro, tienes esa forma de escapar de la realidad que te rodea - dijo, sin despegar la mirada de la ajena -. Y puedes tocar el alma de aquella gente que escucha y presta atención a las notas que salen de tu violín. Yo lo sentí.

Indico, bajando la mirada, aclarándose la garganta.

Repentinamente sintió como el libro que sostenía con fuerza entre sus manos, fue removido de entre ellas. Levanto el rostro, para encontrarse con el de Nicolás surcado por una sonrisa ladina que momentáneamente le recordó a Lestat.

Aguzo la mirada, observando a su interlocutor hojear cada una de las páginas de aquel libro.

-Charles, fue un hombre que vivía en decadencia, pero en efecto, un gran poeta - sonrió, dejando el libro nuevamente sobre la mesa, sin borrar la sonrisa de sus labios.

-¿Conociste a Baudelaire? - Pregunto algo sorprendido por aquella confesión, aun que pensándolo bien, a Louis le sonaba algo lógico el hecho, Nicolás era mayor que él, y hasta donde tenía entendido, había pasado sus primeros años de existencia vampírica en Paris.

Nicolás, simplemente soltó, sin quererlo, una ligera carcajada, mirando con interés a Louis.

-No tuve muchos tratos con él, pero en algunas ocasiones llego a buscarme, buscando inspiración para sus poemas en mi música – revelo -. Después, tuve que irme de París, por consejo de Armand, así que, no supe más de él, solo hasta que murió.

Dijo, borrando su sonrisa, dejando escapar el aire contenido en sus pulmones.

-Debiste haber tenido buenas conversaciones con un hombre como el - dijo Louis, ladeando el rostro en un gesto que indicaba curiosidad.

-Podría decirse, ambos éramos considerados locos y malditos - expresó, torciendo los labios de lado, en una sonrisa sardónica -. Nos entendíamos, el con sus poemas y yo con mi música.

Declaro, recargándose totalmente en el respaldo de la silla, nuevamente, entornando la mirada.

-Tus ojos me recuerdan a un poema de Charles - sonrió de nueva cuenta. Ese gesto que le perturbaba a la vez que le atraía de forma misteriosa y según él y sus pensamientos, le atraía de una forma no sana.

-¿Y cuál es ese poema?-pregunto el de los ojos esmeralda, tomando el libro nuevamente entre sus manos, estrujándolo ligeramente, expectante.

-Lo recitare para usted Monsieur - índico Nicolás, carraspeando para aclararse la garganta, irguiéndose sobre la silla, sin prestando toda su atención al vampiro frente al, comenzó a recitar voluptuosamente:



Le vin sait revêtir le plus sordide bouge
D'un luxe miraculeux,
Et fait surgir plus d'un portique fabuleux
Dans l'or de sa vapeur rouge,
Comme un soleil couchant dans un ciel nébuleux.

L'opium agrandit ce qui n'a pas de bornes,
Allonge l'illimité,
Approfondit le temps, creuse la volupté,
Et de plaisirs noirs et mornes
Remplit l'âme au delà de sa capacité.

Tout cela ne vaut pas le poison qui découle
De tes yeux, de tes yeux verts,
Lacs où mon âme tremble et se voit à l'envers...
Mes songes viennent en foule
Pour se désaltérer à ces gouffres amers.

Tout cela ne vaut pas le terrible prodige
De ta salive qui mord,
Qui plonge dans l'oubli mon âme sans remords,
Et charriant le vertige,
La roule défaillante aux rives de la mort!


El tono de su voz, en apreciación de Louis, era sensual, al pronunciar cada una de las silabas y frases de aquella poesía, era una voz masculina y elegante, simplemente seductora que le hiso temblar de pies a cabeza, sin quererlo, y aun cuando ya había terminado de recitar, Louis podía seguir escuchando la voz de Nicolás, hablándole entre líneas…

Abrió ligeramente sus labios, sonriendo tímidamente, antes de pronunciar palabra alguna.

-Monsieur, es usted un excelente declamador - comento, Louis, tratando de sonar inocente, para ocultar la extraña excitación que sintió mientras le escuchaba.

-Merci Monsieur - contesto Nicolás, volviendo su atención al estuche del violín que aun permanecía recargado a un costado de su silla -. Aun que ese solo es un talento aprendido en la universidad, para ser abogado, un hombre tiente, aun en día, que tener un excelente don de palabra, y saber expresarse con corrección, y de eso aprendí mucho en la universidad.

Comento, con desinterés.

-Mi verdadero talento esta en el violín - agrego, haciendo más siniestra su sonrisa, ladeando la cabeza, dejando que las luces llenaran su rostro de sombras, dándole un aspecto predador a sus facciones -. Le gustaría escucharme?

Pregunto, tomando el estuche del violín con su mano izquierda, dejándolo sobre la mesa, con suma delicadeza, aguardando.

-Seria todo un placer, Monsieur - contesto Louis, ligeramente nervioso, aun así no desistió a su creciente curiosidad y a la rara excitación que le seguía provocando Nicolás -. Pero no creo que sea correcto que interrumpamos la tranquilidad de los demás clientes de este lugar, ¿no cree?

Pregunto, aun que sus palabras, sin quererlo, habían sonado demasiado sugerentes. Nicolás sonrío y se puso de pie, tomando nuevamente el estuche.

-Entonces vayamos a mis aposentos, creo que ese será el lugar indicado para demostrarle mis talentos - musito en un tono de voz demasiado profundo, arrastrando cada silaba de una forma en la que Louis se sintió totalmente intimidado, sin embargo, sucumbió y se puso de pie tomando el libro, observando que Nicolás ya había dejado un billete que cubría la cuenta de ambas copas de vino antes de verlo avanzar entre las mesas, con ese andar aristocrático.

Siguió sus pasos en silencio, a una distancia breve para no agobiarse demasiado. Entraron ambos vampiros al cubo del ascensor, estudiándose mutuamente con sus miradas, con expresiones serias que al parecer no significaban nada para quien los estuviese mirando, pero para ellos, cada uno en su propia mente pensaban cosas distintas el uno del otro. Se deseaban, de alguna forma, en la que ninguno se había percatado aun, hasta ese instante.

Louis trago duro ante el simple pensamiento, esperando que este no hubiese sido leído por Nicolás.

Nicolás, simplemente había ignorado aquellas imágenes que habían cruzado por su mente aquellos instantes, pese a saberlas ciertas.

Salieron de su ensimismamiento cuando escucharon el timbre del ascensor una vez llegaron al piso donde Nicolás, se había hospedado.

Era una lujosa habitación exquisitamente decorada en colores purpura y dorado, con vista directa al mar. Probablemente no era un lugar a los que se había estado acostumbrado, al andar de un lado a otro con Lestat y sus gustos excesivos en las decoraciones de cada lugar donde se quedaban, pero eso no le quitaba el atractivo al lugar.

El ventanal se encontraba abierto, las pesadas cortinas de terciopelo purpura recogidas con un lazo dorado a cada costado de la ventana, dejando solo un ligero velo semi transparente, de tejido dorado, danzando al ritmo de la briza marina proveniente de afuera.

Nicolás, había entrado de tras de él y pasado a su costado, andando con desinterés en el decorado, llegando hasta una mesa colocada cerca del ventanal, depositando ahí el estuche del violín, abriéndolo de forma estudiada, sacando el violín, el cual tomo con mucha delicadeza, como si se tratara de su amante.

-Entonces, ¿realmente desea escucharme tocar, Monsieur Louis? - Pregunto, parado frente a la ventana, dejando que las luces externas dibujaran su silueta, y que su sombra trepara de forma casi tenebrosa dentro de la habitación aun en penumbras, algo en lo que Louis no había reparado aun.

-Claro que me encantaría, hacerlo, pero….- dijo y aguardo un momento antes de continuar, buscando el interruptor de la luz o alguna lámpara, pues le intimidaba la forma en que sus ojos vampíricos percibían las cosas en ese instante -. ¿Podríamos tener un poco de luz?

Pregunto, volviendo su mirada hacia Nicolás, quien parecía haber reído antes de moverse, manteniendo aun el violín en su mano. Camino de forma grácil, hacia otra mesita que se encontraba en medio de la estancia, junto a una poltrona de madera tintada en dorado, con el asiento y el respaldo tapizados en terciopelo purpura con algunos bordados de flores en hilo dorado. La mesa de bronce y mármol veteado, sostenía una lámpara con base de bronce en forma de raíces enredadas, y una pantalla con forma cilíndrica en color arena con algunos bonitos dibujos de flores bordadas en dorado, al cual fue encendida por los dedos de Nicolás.

Y la luz se hiso, alumbrando ligeramente el lugar, haciendo que Louis se sintiese mas cómodo, aun perturbado, pero más a gusto. Se sentó en el sillón frente a la mesa, cruzando la pierna mientras dejaba el libro junto a la lámpara, sonriendo a Nicolás, que le miraba expectante a lo que Louis fuese a decir.

-Le agradezco mucho, Monsieur.

Dijo y coloco sus manos, una sobre otra, sobre sus regazo, ahora el aguardando a que Nicolás diera comienzo a su espectáculo.

-Pour vous Monsieur - mascullo Nicolás, sin quitarle la vista de encima a Louis, volviendo al ventanal.

Cerró los ojos, colocando el violín sobre su hombro izquierdo, levanto el arco con la mano derecha, dejándolo caer con fuerza sobre las cuerdas del violín, arrancándole una primera nota que agonizo en el mismo instante en que había nacido, siendo remplazada por otras notas que sufrían el mismo destino de su primera hermana.

Nicolás, poco a poco parecía fusionarse con la música que escapaba de su violín, el cómo tocaba con gran maestría, concentrado, con los ojos cerrados y los labios fruncidos, dejando que el violín se expresara por él.

Louis se sintió asechado por un sinfín de sensaciones. Era como si cada nota que salía del violín de Nicolás acariciara su alma, cada fibra de su ser se estremecía ante el sentimiento melancólico tan avasallador.
Y él entendía, podía ver que Nicolás no era el monstruo del cual Lestat y Gabrielle no paraban de hablar, Nicolás era un ser sensible y herido, un alma infinitamente más condenada que la suya propia. Nicolás era oscuridad absoluta, absorbente y brillante como un agujero negro.

Nicolás era una estrella negra que danzaba alrededor de otras tantas.

Louis se sintió agobiado ante todo aquello que Nicolás expresaba, que inconscientemente comenzó a llorar, sentía sus lagrimas de sangre rodar por sus pálidas mejillas y caer sobre sus manos crispadas sobre su regazo. No era consciente de ello, solo hasta que un sollozo escapo de sus labios, los cuales cubrió de forma inmediata con su mano derecha, sin despegar sus verdes y brillantes ojos de Nicolás, y en cómo este parecía ser mecido por la briza, como si danzara con la cortina, envuelto en su propia oscuridad.

Cerró los ojos un instante, tratando de controlar sus emociones y los abrió al sentir el contacto de la fría mano de Nicolás en su mejilla.

Sus miradas se conectaron. El verde absenta con el pardo. Y no hubo palabras, ni reclamos a las rojas lagrimas que seguían corriendo por las mejillas de Louis, solo el rose de unos pálidos dedos ajenos a él limpiando los ríos rojos del mármol y un amago de sonrisa antes de sentir los labios ajenos sobre los propios.

Cerró los ojos, dejándose llevar por aquel frio contacto, que a la vez incomprensiblemente, era cálido. Quizás provocado por todo el entendimiento mutuo que sentían.

Fue un beso breve, antes de separarse abriendo ambos lo ojos. Siendo cómplices de aquel pecado.

Louis levanto una de sus manos de forma lánguida, acariciando la mano donde Nicolás aun sostenía el violín y el arco, delineando el dedo medio, recorriendo el dorso hasta llegar a la muñeca, buscando alguna cicatriz, algo que le indicara que era verdad lo que Armand, había hecho con él.

Armand, el cruel y pequeño demonio con rostro angelical.

Nicolás suspiro, al sentir aquel contacto de los dedos ajenos en su piel que involuntaria se estremecía. Incapaz de pensar de forma coherente, dejo caer el violín, el cual solo hiso sordo sonido al desplomarse sobre la lujosa alfombra persa, soltando también el arco para poder tomar el rostro de Louis entre ambas manos, las cuales fueron sujetadas fuertemente por las ajenas, y lo beso.

Lo beso como hacía siglos que no besaba a nadie, Con la misma pasión con la que tocaba el violín, y el deseo ardiente con el cual se alimentaba de sus víctimas. Siguió besando los labios ajenos, con los ojos cerrados, siendo correspondido de la misma manera apasionada, sintió cuando Louis se puso de pie, bajando sus manos para sentir sus brazos rodeando su cintura.

La habitación entonces se lleno de suspiros amortiguados por los besos dados, del sonido de las aguas del mar chocando contra la orilla de la playa, fuera de la habitación y la briza marina entrando indiscreta al lugar, aun jugando con la cortina.

El beso, se fue tornando poco a poco más ansioso, desesperado y carnal. Ya no era una caricia dulce de reconocimiento, no más. Ahora era pura pasión, fuego concentrado dejándose escapar en cada caricia de sus manos en el cuerpo del otro, aun sobre la estorbosa tela que les cubría.

Nicolás fue el primero en actuar, abriendo la ligera camisa de seda blanca que cubría el torso de Louis, dejando sus labios para poder besar la blanca piel que se exponía ante sus ojos, pálida como la luz de la luna, impoluta, sin marcas que delataran sus anteriores pecados, Louis ante sus ojos era un ser perfecto, hermoso y así se lo hiso saber.

-Eso no es verdad - susurro Louis en un jadeo, al sentir los dientes de Nicolás en la base de su cuello, y sus manos recorriendo su espalda desnuda, mientras él se encargaba de quitar totalmente la camisa negra que aun colgaba de los brazos de Nicolás.

-¿Por qué?-pregunto, incrédulo de las palabras de Louis -. Por qué dices que no es verdad, cuando sé que mis ojos no están mintiendo, Louis.

Murmuro sobre el oído del vampiro, pasando con parsimonia sus dígitos por el rostro ajeno, delineando lentamente los rasgos ajenos, las cejas, los pómulos, la nariz, la mandíbula y los labios de Louis. Se quedo perdido en el brillo hipnótico de los ojos de Louis y toda la angustia añeja que reflejaban.

-Eres hermoso, eres adictivo - siguió hablando, sin dejar de mirarle -. Tu, Louis, eres la droga perfecta para cualquier ser humano e inmortal, y yo podría amarte cada noche de la eternidad a partir de ahora, aun sabiendo que le perteneces a Lestat.

Dijo, sin temor a sus palabras, solo hablando desde lo más recóndito de su alma.

Louis reacciono ligeramente ante la mención del rubio vampiro.

-Lestat - repitió el nombre con amargura, como si le doliese pronunciarlo.

-Si, Lestat - dijo Nicolás, pronunciando sin temor -. Seriamos como dos amantes secretos, Louis.- murmuro, depositando ligeros ósculos en los labios ajenos, sobre sus mejillas, sus parpados, su cuello y hombros –. El no tendría por qué enterarse, solos tu y yo, ocultos del mundo, compartiendo esto que nos une.

Dijo y guardo silencio, sin dejar de besarlo y acariciar la pálida piel de su cintura y su vientre.

-La melancolía -murmuro Louis en respuesta -, la desesperanza.

-El desamor.

-El desamor - repitió Louis, levantando el rostro de Nicolás que ahora besaba una de sus manos, para mirarlo directo a los ojos.- Seré tu amante, el tiempo que tenga que ser y tocaras para mí cuando estemos juntos y me tomaras como solo un amante puede hacerlo, como nunca jamás el podrá hacerlo. Porque no te pertenezco, y solo me tendrás una noche cada que ambos lo deseemos, hasta que todo esto acabe destruyéndonos por completo.

Dijo y sello sus labios con los ajenos, cerrando los ojos, olvidándose del mundo, de Lestat, de Armand, del recuerdo de Claudia, su amada Claudia y se entrego a los brazos de Nicolás.

-Una noche cada mes - murmuro Nicolás, a su oído, recostándolo con delicadeza sobre la mullida cama, revestida de violeta y negro, totalmente desnudos ambos cuerpos, acoplándose de forma perfecta, sin dejar de besarse y explorarse -. En un lugar secreto para el mundo, nuestro rincón del infierno.

Indico Nicolás, aferrándose a las caderas de Louis, a sus labios que le correspondían con el mismo ardor, sintiendo las manos ajenas de largos dedos recorrer su espalda, las piernas largas rodeando su cintura, moviéndose ambos cuerpos buscado mas de aquel obsceno rose, gimiendo quedito, mientras se reconocen.


-Nicolás… por favor…. –Louis no paraba de pronunciar el nombre ajeno, tirando de sus cabellos de Nicolás. Respiraba agitado, escuchando solamente su respiración y gemidos, y el húmedo sonido de la boca de su amante quien le hacia una felación.

Nicolás libero el húmedo miembro de Louis que parecía pulsar de placer, erecto y duro, sobre su vientre. Paso su húmeda lengua por sus labios, sin quitar la mirada del arrobado rostro de Louis, sus cabellos alborotados, y la expresión de profundo placer.

-Tómame, ahora - exigió, separando más las piernas, entregándose sin reservas. Estiro los brazos para poder tomar el rostro de Nicolás entre sus manos, acercándolo y besándolo con ansiada pasión.

Ambos respiraban agitados, sintiendo que en aquel acto se fundían sus almas en una sola.

Nicolás tomo su duro miembro, colocándolo en la entrada de Louis, presionando levemente contra la entrada de Louis, entrando en forma tortuosamente lenta, jadeando al sentirse recibido por Louis, que gemía a su vez de dolores placer, aferrando sus uñas en los hombros de Nicolás, haciéndolos sangrar.

Nicolás podía sentir la sangre escurrir por sus pectorales, aun así no dejo de moverse hasta sentirse profundamente en el cuerpo de Louis.

-Louis…- murmuro en un jadeo, aguantando la respiración en lo que se acostumbraba a estar dentro de aquel exquisito cuerpo, y a que Louis hiciera lo mismo.

Fue el segundo él quien inicio el movimiento, empujando ligeramente las caderas contra la pelvis de Nicolás, jadeando de placer, pasando sus manos hacia la espalda de su amante, acercándolo a él, besándolo de nueva cuenta, jugueteando con su lengua.

Eran dos amantes entregándose al pecado de la carne. La lujuria simplemente se evaporaba entre sus cuerpos ardientes, el sudor pegajoso se mesclaba en cada rose, cada movimiento sagas, retorciéndose como almas condenadas en el estigia.

Gimiendo enredados en un fuerte abrazo, sin dejar de moverse en un vaivén que emulaba a las olas en la orilla del mar.

Louis arqueo la espalda, totalmente, gritando de placer, al sentir los colmillos de Nicolás clavándose en la base de su cuello, desangrándolo, poseyéndolo en la forma en que solo seres como ellos dos, podrían hacerlo, y él lo permitió.

Le permitió beber de su sangre, entregándose por completo, algo que solo a Lestat le había permitido hacer, porque en palabras del rubio: Louis era total e irrevocablemente suyo.

Pero Louis desmintió sus palabras, el no podía pertenecerle a alguien tan egoísta como él, y ahora se entregaba por completo a ese otro vampiro, quien lo tomaba de una manera tan distinta, apasionada y sensual.

Se mordía los labios, enredando sus piernas en la cintura ajena, buscando sentir más de aquel contacto, hasta que en los erráticos movimientos de la pelvis de su amante, este toco con la punta de su miembro su próstata, haciéndole gritar y estremecerse violentamente.

Nicolás sonrío al notar aquella reacción, en el cuerpo de Louis, e inclusive en el suyo propio, debido a las convulsiones internas del cuerpo ajeno.

Jadeo el nombre de Louis, una vez mas y otra vez sin dejar de penetrarlo con fuerza, sosteniendo de igual manera sus caderas.


Escucho su nombre ser pronunciado en un jadeo por los labios de Louis, quien de un momento a otro, cambio radicalmente las posiciones, dejando a Nicolás atrapado entre su cuerpo y el colchón al tiempo que él se auto penetraba, soltando ligeros jadeos y gemidos con la boca abierta, regalándole un maravilloso espectáculo, sensual en todos los sentidos.

Louis cabalgando sobre su cuerpo, arqueándose exquisitamente sin dejar de gemir de aquella forma tan sensual.

-Nicolás.- repetia su nombre, colocando sus manos de largos dedos sobre su estomago para tomar algo de impulso en cada uno de sus movimientos oscilantes, aquel vaivén de su cuerpo sobre el suyo, y la forma en que lamia sus labios.

Paso sus manos frías por el otro cuerpo, llevándose la humedad, la sangre de su sudor entre sus dedos, disfrutando con cada musculo tenso que tocaba, instándolo a seguir con todo aquello, con aquellos suaves movimientos y la forma en que contraía su esfínter, haciéndole gemir fuertemente de placer, levantar las caderas para clavarse más dentro del cuerpo ajeno, hasta sentir nuevamente como Louis se estremecía y gemía desquiciada mente al golpear una vez más su próstata, llevándolo al orgasmo.

Sintió la cálida simiente de Louis manchar su cuerpo, y como este caía laxo sobre él, aferrándose en un abrazo, sin dejar de moverse mientras el roseaba sus entraña con su semen.


Ambos respiraban agitado, temblando de placer y Nicola podía sentir los labios de Louis besando su cuello, lamiendo el sudor sangriento.

-Eso fue…. Genuino - murmuro aun con los ojos cerrados, sonriendo tontamente, pasando sus delgados dedos por el pecho de Nicolás.

Sintió que se movía sobre él, recargándose sobre el colchón, se separo de él, provocándole un pequeño gemido y regresar al lado de Nicolás, recargando su mejilla sobre su pecho.

-¿Te arrepientes?- Pregunto Nicolás mirándole fijamente, sonriéndole de la misma manera, cómplice.

Negó ligeramente con la cabeza, alzando las manos para tomar el rostro de su nuevo amante entre ellas, acercándolo a él, para besarle sin prisas.

-Como podría arrepentirme de algo que he hecho conscientemente, pese al riesgo- sonrió, volviendo a besar los labios de Nicolás, siendo correspondido, de aquella forma tan calmada.-De algo tan… maravilloso.

Nicolás sonrió de nueva cuenta, pasando sus dedos por los labios de Louis.

-Podría enamorarme de ti – murmuro -. Pero no lo hare, al menos, no aun.

Confeso, depositando un beso sobre sus parpados, cerrándolos.

-Quizás yo también lo haga, alguna noche – contesto Louis, dejándose acariciar, cerrando los ojos, abrazado al cuerpo ajeno, respirando con tranquilidad, sintiéndose libre y bizarramente… ¿Feliz?


~*~*~*~


Traducción del Poema "El Veneno" de Charles Baudelaire:

Spoiler:

El vino sabe revestir el más sórdido antro
De un lujo milagroso,
Y hace surgir más de un pórtico fabuloso
En el oro de su vapor rojizo,
Como un sol poniéndose en un cielo nebuloso.

El opio agranda lo que no tiene límites,
Prolonga lo ilimitado,
Profundiza el tiempo, socava la voluptuosidad,
Y de placeres negros y melancólicos
Colma el alma más allá de su capacidad.

Todo eso no vale el veneno que destila
De tus ojos, de tus ojos verdes,
Lagos donde mi alma tiembla y se ve al revés...
Mis sueños acuden en tropel
Para refrescarse en esos abismos amargos.

Todo esto no vale el terrible prodigio
De tu saliva que muerde,
Que sume en el olvido mi alma sin remordimiento,
¡Y, arrastrando el vértigo,
La rueda desfalleciente en las riberas de la muerte!


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Belial

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